Los terrenos de la creatividad

Hoy en día, en plena época de crisis avanzada, se aprecia más la creatividad entendiéndola como innovación.

Son muchos años en los que la creatividad ha sido confundida con el pinta y colorea. Niños arrancados de su infancia para ser rápidamente introducidos en una sociedad industrializada. Dónde el dibujar era síntoma de distracción, volatilidad y falta de seriedad. Estas amputaciones han implicado graves carencias en las habilidades de cada individuo. La más importante, la carencia de imaginación que nos impide ser flexibles frente a los problemas. Educar a la civilización como máquina provoca una falta de iniciativa.

Los creativos no sólo han destacado en el terreno artístico (pintores, ilustradores, músicos, dramaturgos, escritores, etc). Han destacado también en la investigación científica, en el desarrollo tecnológico y también en el empresarial.
Quién crea, se preocupa. Todo lo que ocupa su mente toma una forma expresiva o material. Es la continua  necesidad de compartir una idea y/o sensación

Compartir. Esa es la palabra clave en mi opinión. La ilusión depositada en hacer funcionar algo dirigido a otro es lo que hace que el trabajo se haga bien. El buen creador deposita cariño en lo que hace y eso lo convierte en buen trabajador. Se preocupa por ser cumplidor y perfeccionista en cada detalle. Su propia sensibilidad es lo que provoca sus preocupaciones. Esas mismas de las que se alimenta para encontrar soluciones. Por lo tanto, uno de los puntos claves de la creatividad son las resoluciones y para encontrarlas hay que conservar una parte emotiva. Una máquina mecánica sería incapaz de resolver un problema para el cuál no estaría programada. Descubrimos de este modo las intenciones del trabajo 1.0 al que hemos estado supetitados tras la cortina industrializada y capitalista. Anulación, mecanización, esclavización y no pensar ni preocuparse. Obedecer y acceptar que así es la vida… sin embargo,  nuestros instintos siguen allí y más de una vez nuestro afán de innovar nos muestra nuestra verdadera esencia vital y humana: la evolución.

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